Máquinas en Dojo

Hace un par de semanas, el 25 de Abril, tuvo lugar en Outline CDMX un evento organizado por Ruido llamado Máquinas en Dojo. Esta no es la primera vez que Ruido organiza este evento, pero según lo que escuché ese mismo día, sí ha sido el evento con mayor alcance y convocatoria.
El formato no es necesariamente nuevo, pero sí ha sido poco explorado en Latinoamérica. Máquinas en Dojo es básicamente un espacio donde beatmakers y productores de todo el país se reúnen para tirar sus mejores beats. Aquello fue un desfile de máquinas: desde las clásicas SP404MKII, SP404SX y demás parafernalia Roland, pero también Maschine, MPCs, Volcas, Pocket Operators y hasta hubo quien llevo su computadora completa, monitor y todo, para medirse ante un igual.
Y hay que decirlo: en México hay nivel. El norte está pesado. Puebla tiene escena. Ciudad de México no podía quedarse atrás. Pero en el dojo daba igual de donde venías, que máquinas traías o cuantos listeners tienes en Spotify. Lo único que importa es que tan duro le das. Que tanto puedes hacer con tu máquina y tus dedos. Sin embargo, y a pesar de la naturaleza combativa del evento, y más allá de las deportivas mentadas de madre (somos el país de las luchitas, carajo), todos los contendientes cerraron su participación y recibieron la calificación de los jueces con un abrazo fraternal a su contrincante (shoutout a Daniel 4x4 y Dr Zupreme).
Y es en esto en lo que me interesa ahondar más. Ruido logró convocar a una comunidad de lo más diversa. Todos éramos diferentes, con máquinas distintas, con sonidos particulares, con obsesiones sonoras. Pero a todos nos unía algo similar: el amor y la pasión con la que hacemos esto. Estoy seguro que para la inmensa mayoría de participantes de este evento, la música lo es todo. Y lo sé porque soy uno de ellos, de ustedes.
Todos nos veíamos parecidos: unos más flacos, otros más gordos, unos con barba y otros lampiños, unos con tatuajes en la cara y en los brazos, otros usando máscaras, balaclavas y demás accesorios. Niños raros, pues, todos. Y sé que, hayan ganado o no, todos sintieron algo de realización de presentar su música ante gente que ha pasado también muchas horas en sus habitaciones, escuchando el mismo loop, ajustando el mismo kick, resampleando el mismo sonido.
Y, más allá de documentar y dejar testimonio personal de este evento, que me parece un parteaguas para la música hecha con máquinas en México y Latinoamérica, hago esto para invitarte a que salgas, a que muestres tu música, a permitir que los otros te escuchen. Lo sé: la música es la compañera perfecta para la soledad. Yo también he pasado día tras día, solamente acompañado por mi, escuchando viniles, cds, tocando dj sets para mi mismo, experimentando con mis sintes y mis samplers. Pero para mi, la música me ha dado mucho más cuando me he atrevido a compartirla.
La música es la forma perfecta de crear comunidad. El sonido nos une más allá de todo. Trasciende barreras lingüísticas, económicas, ideológicas y de género. Está cruzada por todas ellas, claro, pero es un lenguaje del que no se puede escapar, que no se puede malinterpretar. Es un lenguaje de la sensación, de los afectos, de la memoria muscular. Así que no lo pienses mucho más: apúntate a la siguiente batalla o encuentro de beatmakers que veas en Instagram, sube tus canciones a algún lado, muéstraselas a tus amigos, colabora. Si en tu ciudad nadie lo está haciendo: ¡hazlo tú! Te aseguro será, cuando menos, divertido y gratificante.
Shoutout a Ruido y a todo su crew. Al Hugo por invitar, y a todos los participantes. Les recomiendo ir al instagram de Máquinas en Dojo para que puedan seguir a todos los productores participantes. Cámara.